Ayer, a eso de las 9 de la mañana recibí un mensajito de texto. Me puso a pensar que, sin importar qué tan copada, pegadiza y/o clásica te pueda parecer una melodía, todas esas características van a parar al tacho en el mismo segundo en que elegís esa canción como alarma en el celular. De cualquier manera, sigo manteniendo esta canción en particular porque en la cabeza del Mati suena como un mandato irrevocable a hacerme cosquillas sin parar hasta que termine de sonar. Y eso me alegra el día. La cuestión es que me suena la cancioncita y, a tientas, palpo todos y cada uno de los objetos que dejé la noche anterior, la semana anterior, en la cabecera de la cama y finalmente doy con el celular, que por suerte ya dejó de sonar. Lo agarro y, desafiando el astigmatismo y la pegatina ocular, descifro un "Papá" en la pantallita de afuera. Trato de abrir el celular con una sola mano, puteando en mi mente el día en que no me compré ese que tenía el botoncito para abrirlo con una sola mano. Se me cae, lo levanto, decido finalmente usar mi otra mano libre y cuando lo abro veo un "Feliz Día del Traductor te deseamos desde Río Cuarto tu Flía. Lo bello es un pacto entre el contenido y la forma. Para nuestra bella hija". Pienso "Ohhhhhhhhhhhhh, qué dulce" y ahí nomás pienso "Mierda, qué rápido qué pasa el tiempo". Miro la fecha en la pantalla, y confirmo aquello de lo que ya estaba segura pero de lo que el despertar prematuro no me permitía fiarme: era 21/04 y no 30/09 y le respondo a mi papá "Papi! El día del traductor es el 30 de septiembre, por el día de San Jerónimo, que al parecer fue un viejecillo que tradujo la Biblia, lo dice en la página del Colegio de Traductores, así que supongo que ellos sabrán. Pero estuvo re lindo el mensaje. Te quiero".
No tuve que esperar más que un par de minutos para recibir la respuesta, que me hizo desistir de cualquier otra posible réplica: "Hoy en el noticiero de aquí dijeron que es hoy". Si lo dice la tele...
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