viernes, 13 de marzo de 2009

Lagrimón

Siete años después, el Gordo se redimiría al regalarme 2 estatuitas. Ella, una negra cubana tetona y culona con un pañuelo atado en la cabeza lleno de frutas frescas, unos aros de cobre, y un vestido azul con flores anaranjadas. Él, un negro cubano con una musculosa que dice Cuba, un pantalón emparchado y las uñas blancas. Me dijo, mientras yo los examinaba con una sonrisa de oreja a oreja:
-"Si querés, podés sacarles a la mierda el cigarro feo ese".
Pero para mí no había nada de feo en ese regalo. Les dejé el cigarro en la boca. Mientras, todo el odio del hada de la Jose se disipaba para nunca más volver.

Cubanos

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