Sábado a la noche. El Mati se había ido a cenar con sus compañeros de trabajo y me iba a encontrar con él a eso de las 2. La llamé a la Mari para ir a visitarla. Me iba a ir sin comer pero me acordé que la última vez que salí hice exactamente lo mismo: como había tomado una leche chocolatada con facturas tipo 21hs me fui sin comer y después casi le como la mano al Mati del hambre que me agarró a la mitad de la noche. Decidí no tropezar dos veces con la misma piedra y me dirigí a la heladera para ver mis opciones. Como no tenía ganas fomentar el calor prendiendo más hornallas de las necesarias, me decidí por una salchicha que había quedado solita en el paquete. Normalmente hubiera comido dos, pero me dio bronca abrir otro paquete. Y sin guarnición porque cocinar para uno solo apesta. A la bosta, que sea lo que Dios quiera. Agua en la ollita chica, hornalla. Agua que hierve, salchicha solitaria que se zambulle. Cinco minutos después, mi cena estaba lista para ser devorada. Me senté a la mesa triste: la salchicha en el medio del plato, un vaso de agua con dos hielos que duraron dos segundos por el calor insufrible y yo. Como para ponerle un poco más de onda busqué la salsa golf. Paré el sachet de la salsa golf al lado del vaso y se cayó. Lo levanté. Pinché una rodajita de salchicha y se volvió a caer. Lo acomodé por segunda vez. Pinché otra rodajita de salchicha y el sachet de mierda que se vuelve a caer. "Este sachet de salsa golf está tratando de decirme algo"-pensé. Y como primera medida, me fijé en la fecha de vencimiento. Todo en orden, vence de acá a tres meses. Regio. Sigo observando el sachet atentamente. Y del lado de atrás la vi. Una receta de tres pasos: backswing salad. El nombre de la ensalada lo decía todo. Leí los pasos.
1) Mezclar 200 g de champignones fileteados y salteados, 100 g de panceta dorada, 1 planta de espinaca, 1 racimo de uvas blancas peladas y cortadas al medio.
Miré de reojo mi salchicha que, a pesar de que ya habían pasado varios minutos, seguía caliente por el calorón infernal.
Seguí leyendo.
2) Aderezar con 3 cdas de Salsa Golf Hombre del Infierno (la marca del aderezo ha sido cambiada conforme a su traducción literal para evitar conflictos y litigios judiciales), mezclada con 1 cda. de aceite y 1 de aceto balsámico.
3) Espolvorear con huevo duro picado fino.
Repasé mentalmente los 3 pasos y me di cuenta que faltó un paso que se olvidaron de incluir, quizás por cuestiones de espacio. A continuación, completo el paso faltante por si a alguien le copa la ensalada:
4) Con el mismo cuchillo que fileteó los champignones, peló y cortó al medio las uvas blancas y picó el huevo duro, proceda a cortarse las bolas porque usted acaba de perder media hora preparando la ensalada más cara del mundo y sigue con hambre como un boludo.
1) Mezclar 200 g de champignones fileteados y salteados, 100 g de panceta dorada, 1 planta de espinaca, 1 racimo de uvas blancas peladas y cortadas al medio.
Miré de reojo mi salchicha que, a pesar de que ya habían pasado varios minutos, seguía caliente por el calorón infernal.
Seguí leyendo.
2) Aderezar con 3 cdas de Salsa Golf Hombre del Infierno (la marca del aderezo ha sido cambiada conforme a su traducción literal para evitar conflictos y litigios judiciales), mezclada con 1 cda. de aceite y 1 de aceto balsámico.
3) Espolvorear con huevo duro picado fino.
Repasé mentalmente los 3 pasos y me di cuenta que faltó un paso que se olvidaron de incluir, quizás por cuestiones de espacio. A continuación, completo el paso faltante por si a alguien le copa la ensalada:
4) Con el mismo cuchillo que fileteó los champignones, peló y cortó al medio las uvas blancas y picó el huevo duro, proceda a cortarse las bolas porque usted acaba de perder media hora preparando la ensalada más cara del mundo y sigue con hambre como un boludo.
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